RUEDA

Cuento. 

En un paradero que existe esperaba una mujer en silla de ruedas con la que parecía ser su hija y su nieta. Vestía una falda morada corta que dejaba ver sus lustrosas piernas y una blusa negra que parecía flotar sobre sus huesos. La observe desde que el carro freno. Subieron a duras penas. !jo!, no les cuento porque no quiero faltarle el respeto.  Como se sentirá estar en sus zapatos- pensé. Y me sentí entumecido, apretado.
Todos los que existíamos y estábamos ahí habíamos visto como notado que, una vez arriba a las tres les surgió una duda. No sabían dónde sentarse. Todos éramos ahora prisioneros de esa historia que exigía un desenlace en nuestras retinas. La pequeña que existe pregunto- ¿Dónde nos sentamos?, ambivalente y deseosa. La anciana avanzó sin mediar palabra sobre sus piernas metálicas, hacia adelante. Y lo digo porque no la vi retroceder ni un ápice. - Aquí abue. Dijo la pequeña que existía en ese momento más que todos, dando tres pasos divertidos hacia el primer asiento. Pero la anciana  a mitad del bus donde se había detenido y donde el sol le impactaba la cara, haciéndose brillar la frente sudorosa, curtida en estragos. Dijo.- No, allí con tu mamá - señalando hacía unos asientos adelante.

Se sentó la que parecía ser su hija y la que parecía ser su nieta donde ella ordeno. Mientras ella y todos que existíamos más que nunca observábamos desde donde se había quedado. Rodó luego en silencio sola y dijo- Yo me siento aquí. Deslizando su silla hacia adelante y hacia un lado. Presiento que todos ahí la vimos algo perplejos, tan bañada en escarcha e icónica. Sintiéndose como nadie y experimentando lo que todos. 

Michael Llerena. 

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