LATAS VACÍAS
Crónica
Era el primer sábado del mes morado, un reloj debajo
de un cartel publicitario me advertía las 12:48 AM. Había pasado más de una
hora desde que comencé mi búsqueda de un artista de la calle dentro del
transporte público. Mucho después de haber escuchado a un rapero que escupía en
prosa letras de una insipiente conciencia social y, una joven que cantaba
mientras agitaba un peine contra una lata vacía y solo bendecía a quien le daba
un par de monedas, apareció Ángelo Benites.
Tenía entre sus grandes manos una pequeña flauta
melódica roja y un parlante portátil que cargaba en su cuello. Era alto y de un
uniforme color trigueño, sus ojos vivos como un pez eran de un negro
inquietante. Vestía un jean azul, una camisa casi del mismo color, un sombrero
de paja y unos zapatos que lucían elegantes.
Se presentó como estudiante de ciencias de la
comunicación que se ganaba la vida, en sus ratos libres, tocando en los micros
y, sin más tragedias, prendió su parlante, puso una pista que de inmediato
reconocí y empezó a tocar su flauta melódica al ritmo the doors y su inmortal
roadhouse blues.
Su talentosa forma de tocar fue recompensada con
personas que colocaban centavos en su sombrero de paja que se hizo ligeramente
más pesada hasta llegar al final del bus donde yo me encontraba. Lo mire fijo y
me presente.
Me llamo Michael soy estudiante de periodismo, me
gustaría hacerle una entrevista – le dije. Mientras ponía 50 centavos en su
sombrero. Y no eran solo nuestros ojos los que en ese momento estaban posados
sobre la escena, ahora eran 20 pares más esperando un desenlace.
Estoy trabajando ahora, no puedo- me dijo. De
inmediato le insistí diciendo que ya era hora de almorzar y que para que acepte
podría invitarle a comer.
Nos sentamos a almorzar. Le pregunte primero como se
llamaba y cuantos años tenía. Ángelo Benites Calderón, 23 años- me dijo. Le
pedí que me contara su historia sin censuras, crudo y real. Me miro fijo y
lanzo una risa contagiosa que no supe si seguir. Me pidió entonces de que deje
la formalidad con él para que se sienta cómodo. Le sonreí a la mitad y él
prosiguió.
Comencé a subir a los micros cuando tenía 21 por
necesidad, recuerdo la primera vez, ¡la cague!, estaba muy nervioso y la gente
me termino dando plata por pena- dijo entre risas. Era chibolo y estaba casi a
la mitad de mi carrera. No quería abandonar y tuve hacerlo. Mi papá se enfermó
y tuvimos muchos problemas económicos por que dejo de trabajar.
Por qué trabajar en los micros y no tener un trabajo
más formal le pregunte, con tono sutil. Porque primero no encontraba un trabajo
y si quieres preguntar por qué sigo haciéndolo- dijo mientras cruzaba las
piernas. Es porque aprendí que esto ha dejado de ser el último escalón de los
trabajos. En los buses se gana bien, bien para vivir tranquilo no para darse
lujos, pero bien. Al día puedo ganar hasta 80 soles solo en unas horas y luego
tengo tiempo para estudiar o hacer otras cosas.- Concluyo.
Ya vas a terminar la universidad le pregunto
entusiasmado. Décimo ciclo en la universidad César Vallejo, este año acabo y sé
que aún falta lograr muchas cosas pero trabajar en la calle me ha dado esta
satisfacción- me dice, y bebe un sorbo del vaso de refresco de cebada que nos
acababa de traer la señorita que nos atendió cuando llegamos.
Llega nuestra comida y decidimos comer un poco antes
de continuar. Ángelo Benites me pregunto algunas cosas y entramos más en
confianza. Nuestra conversación se interrumpe por el sonido abrupto de un peine
agitado cruelmente contra una lata. Volteamos a ver y yo la reconozco. Era la
misma joven que había cantado en el bus antes de encontrar a Ángelo Benites.
La joven que ha llegado al restaurante donde nos
encontrábamos almorzando ha dejado de cantar y agitar sus instrumentos
musicales, y se acerca rápido a nuestra mesa.
Le pregunto a Ángelo Benites si la conoce. Me dice que
si asintiendo la cabeza.
Provecho Ángelo- Dice la joven mujer que se ha
acercado a nuestra mesa. Te presento a Michael es periodista y me está haciendo
una entrevista sobre mi trabajo en el micro- le dice Ángelo a la joven. Ella me
mira frunciendo el ceño.
Bueno, no los molesto más, me colaboran con unos
caramelos.- pregunta. Le doy 1 sol y me da 5 caramelos de limón. Empieza a irse
y le digo que se ha olvidado de darme la bendición. Voltea y no me sonríe. Que
Dios te bendiga. Dice- y se va.
Le pregunto a Ángelo Benites cual es la historia de
esa joven. Él lo resuelve todo diciendo que es una mujer que necesita porque
tiene un hermano paralitico al que debe cuidar. Yo me quedo callado recordando
la mirada de aquella joven antes de marcharse.
Para personas como ella la lata siempre va a estar
vacía- me dice, luego de un silencio prolongado. Siempre va a faltar algo que
comprar que darle a su hermano. Hay personas que han tomado el trabajo de
subirse a los micros como una oportunidad para engañar a la gente con
falsedades. No todos mienten. Concluye.
¿A qué hora es la mejor para salir a cantar, y cual
crees que es una buena ruta para ganar más dinero?, fue mi pregunta que rompió
el hielo.
Me dice que la T que viene de chorrillos hasta 28 de
julio es su carro predilecto. Porque es grande y tiene más gente y que no hay
un horario en el que se gane más o menos. Subirse a un micro es ser
independiente, puedes trabajar a las 10 de la mañana o a las 8 de la noche.
Era casi la 1:50 PM y luego de terminar de comer
Ángelo Benites se tenía que ir. Me dice que lo disculpe, pero que hoy es el
primer sábado de octubre y que no podía faltar a la primera salida del Señor de
los Milagros. Se despide y se marcha. Quería entrevistar a un artista de la
calle que pareciera querer decir la verdad. No hay una mueca o rasgo que
advierta eso, solo lo sabes. Esa conciencia de saber fue Ángelo Benites
Calderón.
Michael Llerena.
Comentarios
Publicar un comentario