Cada tumba tiene su celebración
Crónica: Día de los muertos.
Enfoque: la cultura chicha
El reloj marca las
8:03 am del 1 de noviembre y, las periferias del cementerio Nueva Esperanza en
Villa María del Triunfo, el segundo más grande del mundo, trae desde lejos los
olores de comidas tradicionales y un popurrí de flores frescas. Más lejos, ya adentrándose
al cementerio, los sonidos viajan en todas direcciones mientras las gentes
bailan, cantan, celebran. Aquí no hay mascaras terroríficas, la muerte que aquí
se celebra tiene identidad.
La entrada al
cementerio es un tumulto que espera encaminarse entre las 62 hectáreas que
componen su totalidad. Hacia la izquierda a unos 100 metros, los nichos y
mausoleos copados a veces hasta su totalidad requieren escaleras para dejar las
flores en sus jarrones colgantes. A la derecha doy unos 5 pasos y ya soy parte
de una procesión alegre que ha traído sus costumbres desde todas partes del
Perú que avanza sobre una colina y se dispersa en todas direcciones.
La música tiene un
papel estelar en esta celebración a la muerte, grupos enteros integrados en su
mayoría por arpistas, saxofonistas, violinistas y un cantante folclórico están por todos el cementerio, animando a
familias enteras que se han reunido alrededor las tumbas de sus seres queridos.
Todos ellos cantan a veces canciones tristísimas y en otras ocasiones alegres
mientras siempre bailan, aplauden, zapatean y brindan por su difunto.
El cementerio Nueva
Esperanza es sin duda una foto casual de la costumbre del peruano migrante que
impulsa la economía del país, pienso. Mientras la señora María de profundos
ojos negros me sirve un vaso de chicha de jora, por un sol, a escasos metros de
una tumba donde una cantante folclórica hace llorar a rabiar una mujer que se
golpea el pecho, mira al cielo, se contonea como quiere. La gente junto a ella,
acongojada, parecen entender su dolor, la consuelan. La familia está reunida.
La cultura chicha está
impregnada en el aire lleno de olores que invitan a las tradiciones culinarias
más antiguas del Perú de las tres regiones del Perú: costa, sierra y selva, sus
formas de rendir tributo a sus difuntos son diversas y hay una celebración
especial en cada tumba. Para la familia Huamán está la endiablada danza de las
tijeras, en tributo a mi padre que era de Ayacucho, me dice uno de sus hijos.
Fue la migración andina justamente la que crea
esta cultura chica, mal llamada informal que ha caracterizado a la ciudad de
Lima las ultimas 70 años, que ha llenado de colores, sabores y orígenes a la
capital. Los colores brillantes de las tumbas en el horizonte nos indican hasta
donde se extiende el cementerio. Muchas familias han traído sus latas de
pintura y no dudan en pintar los nichos, las tumbas y marcar la infausta fecha
en la que sus seres queridos pasaron a formar parte de una tradición de la
muerte, tan llena de sabor, color y costumbre.
Michael Llerena
Comentarios
Publicar un comentario